Fotografía: Andrés Grande
El pasado 9 de enero de 2026, Salamanca vivió una de esas veladas que se quedan guardadas en la memoria colectiva de quienes vibramos con la música urbana. Kadec Santa Anna, el rapero barcelonés que ha conquistado la escena del hip-hop español con letras íntimas y sinceras, tomó Sala Potemkim en una parada potente de su Eterno Tour.
Desde el primer tema, lo que se sintió fue una descarga de verdad visceral. El artista abrió el concierto lanzando temas con ritmo trepidante como “Este fin de año” y “To’ pelao de frío”, y rápidamente quedó claro que lo que presenciábamos no era un simple concierto, sino un diálogo directo entre su voz y las emociones del público.
Lo que hace extraordinario a Kadec no es solo el dominio técnico sobre el escenario —capaz de soltar barras a doscientos por hora sin perder intensidad— sino su honestidad sin filtros. Las letras de “A kilómetros”, “La niña de la urba” o “Cada loco con su tema” retumbaron en una sala que, aunque no llegó a llenarse por completo, sí se sintió llena de corazón.
Hubo momentos de conexión profunda: cuando temas como “22 Daños” o “Eres tú” resonaron, muchos dejaron a un lado los teléfonos para entregarse a la experiencia pura del directo, demostrando que la música de Kadec cala hondo más allá de las pantallas.
El cierre fue apoteósico: “Has visto qué suerte”, “Cachitos de mi cora” y el himno “Afloja” se unieron en una secuencia que hizo cantar a todo el público y selló una noche electrizante. La mezcla de temas clásicos con nuevas piezas —muchas adelantadas antes del próximo lanzamiento— evidenció que Kadec sigue en evolución constante, balanceando emoción, poesía urbana y energía sonora.
En suma, la parada del Eterno Tour en Potemkim fue una declaración de intenciones y sentimientos: un artista que sabe cómo confrontar verdades, tocar fibras y construir una comunidad sonora con quienes le siguen. Salamanca lo vivió con intensidad, y este concierto quedará —sin duda— en el recuerdo de muchos.
