Había hambre de directo. Y había ganas de himnos. Pero lo que se vivió esta noche en el Pabellón Polideportivo Pisuerga fue algo más que un concierto: fue la confirmación definitiva de que Viva Suecia juega ya en la primera división de los grandes recintos nacionales.
Doble sold out. Dos noches consecutivas con todas las entradas agotadas en Valladolid. Una fotografía que explica mejor que cualquier titular el momento que atraviesa la banda murciana en plena gira “Hecho en tiempos de paz”, nombre que comparte con su último trabajo.
Pisuerga presentaba el ambiente de las grandes ocasiones: público intergeneracional, camisetas del grupo, cánticos antes de que se apagaran las luces y esa sensación eléctrica de que algo importante estaba a punto de suceder.
Hablar de Viva Suecia es hablar de un engranaje perfectamente engrasado. Rafa Val, al frente con su voz y guitarra, lidera con una presencia que combina vulnerabilidad y contundencia. A su lado, Alberto Cantúa aporta solidez en la guitarra y en los coros; Jess Fabric sostiene el bajo con precisión quirúrgica y refuerza las armonías; mientras que Fernando Campillo imprime a la batería ese pulso expansivo que convierte cada estribillo en una descarga colectiva.

En esta gira, además, la banda ha ampliado su paleta sonora con una sección de metales perfectamente integrada que añade épica y profundidad a varios pasajes del repertorio. Lejos de resultar invasivos, los arreglos de metales se funden con naturalidad en la arquitectura de las canciones, elevando las dinámicas sin perder la esencia cruda que caracteriza al grupo.
Mención especial merece la presencia de Carmen Hoonine, que acompaña en varios temas la voz de Rafa Val aportando un contrapunto delicado y magnético. Su timbre encaja con una sensibilidad sorprendente en determinados cortes del nuevo disco, generando diálogos vocales que en directo adquieren una dimensión aún más emocional. Los coros femeninos no solo enriquecen el sonido; amplían el relato y aportan matices que conviertenalgunas canciones en auténticos clímax de la noche.
La sensación es clara: no estamos ante una banda que suma músicos, sino ante un proyecto que integra talento con inteligencia y cohesión.
Una producción a la altura del momento
La gira “Hecho en tiempos de paz” es, sin duda, la más ambiciosa en la trayectoria del grupo. El salto en producción es evidente: un diseño de luces milimétrico, visuales envolventes y un sonido rotundo que convirtió el pabellón en una auténtica catedral del indie.
Desde los primeros acordes, el público respondió como si llevara meses ensayando cada estribillo. La conexión fue inmediata. No hubo fase de calentamiento. Valladolid entró en combustión desde el minuto uno. No pudieron faltar temas como «No hemos aprendido nada», «El Bien», «La voz del presiente», «Dolor y Sombra», «Sangre»… y de cierre, «Mala Prensa».
El repertorio equilibró con inteligencia los nuevos temas del disco con los himnos que ya forman parte del imaginario colectivo del indie nacional. Cada canción era coreada con una intensidad que desdibujaba la frontera entre escenario y pista.
Madurez y ambición sonora
El nuevo álbum marca una evolución clara en el sonido de Viva Suecia. Más ambicioso, más expansivo, más emocional. En directo, esas canciones crecen todavía más: guitarras abiertas, bases contundentes y una interpretación vocal que transmite urgencia y verdad.

La banda suena compacta, sólida, segura de sí misma. Se percibe que están en ese punto dulce donde la experiencia se une con la ambición. Ya no son promesa: son realidad consolidada.
Hubo euforia, saltos sincronizados y momentos donde el pabellón vibraba al unísono. Pisuerga no fue solo escenario: fue parte activa del espectáculo.
Valladolid, parte de la historia
No todas las bandas pueden presumir de llenar dos noches seguidas un recinto de estas dimensiones. Lo de Valladolid no es casualidad: es el reflejo de una trayectoria construida con paciencia, coherencia y una identidad muy definida.
La gira está registrando sold outs en buena parte de sus fechas nacionales y confirma que Viva Suecia ha trascendido la etiqueta de “banda indie” para convertirse en fenómeno masivo sin perder esencia.
Esta noche, Pisuerga fue testigo de ello. Mañana repetirán la hazaña. Y la sensación es clara: estamos ante una de las giras nacionales del año.

Viva Suecia ha conseguido algo difícil: crecer sin diluirse. Convertir la épica íntima en celebración multitudinaria. Y hacerlo desde canciones que siguen hablando de emociones reconocibles, de tiempos convulsos y esperanza.
La gira “Hecho en tiempos de paz” no solo presenta un disco; presenta una nueva dimensión de la banda. Valladolid ya forma parte de ese capítulo.
Y la historia, lejos de terminar aquí, parece no haber hecho más que empezar.
