Sonorama Ribera 2026 arranca con 40.000 personas y una primera jornada para todos los gustos
Aranda de Duero volvió a convertirse en el epicentro de la música en directo. El miércoles 5 de agosto, Sonorama Ribera abrió las puertas de su vigésimo novena edición con una primera jornada que ya parecía propia de un festival en plena velocidad de crucero. 40.000 personas ocuparon El Picón en una noche que tuvo rock, pop, canciones para cantar a pleno pulmón, nostalgia y, por supuesto, mucha fiesta.
Sonorama volvió a demostrar desde el primer día que su fórmula no consiste únicamente en reunir grandes nombres. La verdadera personalidad del festival aparece cuando uno decide cambiar de escenario y descubre que, mientras miles de personas esperan a un cabeza de cartel, en otro rincón está ocurriendo algo igual de interesante.
Y así comenzó esta edición.
Nat Simons: guitarras para abrir el festival
La primera en poner música a la tarde fue Nat Simons, encargada de inaugurar el escenario Aranda de Duero a las siete. Una elección que sirvió para arrancar la jornada con guitarras y una propuesta marcada por el rock y el americana.
Todavía con el recinto tomando forma y el sol perdiendo protagonismo poco a poco, Simons puso las primeras bases de una noche que iba a crecer progresivamente. Su actuación tuvo ese carácter de concierto que funciona especialmente bien a primera hora de un festival: público descubriendo, otros reencontrándose con canciones conocidas y la sensación de que todavía quedaba absolutamente todo por delante.
Y en Sonorama, eso también forma parte del espectáculo.

Mafalda Cardenal: la delicadeza también tiene sitio en Sonorama
En el escenario Indexa, Mafalda Cardenal apareció cuando la tarde empezaba a transformarse en noche.
Su propuesta fue uno de los contrastes más interesantes de la jornada. Frente a la contundencia de otros escenarios, Cardenal apostó por canciones más íntimas y una interpretación cercana que encontró rápidamente respuesta entre el público.
Temas como “Tu Fan” y “Solo un Nombre Más” pusieron el foco en una artista que, pese a su juventud, está consiguiendo algo complicado: convertir emociones muy personales en canciones con las que cada vez más gente se siente identificada.
Sonorama también es esto. Descubrir que entre miles de personas hay momentos en los que lo único que hace falta es una voz y una canción.

Bebe: veinte años después, sigue teniendo algo que decir
Con la noche ya instalada en Aranda llegó uno de los nombres propios de la primera jornada. Bebe regresaba a Sonorama con un repertorio capaz de atravesar generaciones.
Y probablemente ahí esté una de las claves de su actuación.
Han pasado dos décadas desde que canciones como “Malo” o “Ella” se convirtieran en himnos, pero el público volvió a responder a ellas con la misma intensidad. Bebe no necesitó convertir su concierto en una revisión nostálgica de su carrera. Sus canciones siguen teniendo suficiente fuerza como para funcionar en presente.
La artista recorrió el escenario con naturalidad, alternando momentos de intensidad con otros más cercanos, mientras frente a ella miles de personas cantaban unas letras que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Fue uno de esos conciertos que recuerdan por qué determinados artistas sobreviven al paso del tiempo.

Tu Otra Bonita: optimismo para bailar y cantar
Mientras Bebe hacía historia en el escenario Ribera del Duero, Tu Otra Bonita convertía el escenario Indexa en uno de los puntos más concurridos de toda la primera jornada.
A las 22:20 comenzaba un concierto que, desde los primeros compases, dejó claro que la banda había tomado una decisión que no iba a impedir que el público respondiera: actuar en el escenario Indexa en lugar de hacerlo en uno de los escenarios principales.
Fue una elección propia, pero viendo lo ocurrido durante el concierto resulta inevitable pensar que Tu Otra Bonita fue uno de los grandes merecedores de un escenario principal. De hecho, su actuación reunió a más público que León Benavente, que actuaba prácticamente al mismo tiempo en otro de los escenarios principales del festival.
El Indexa se quedó pequeño.
Canciones como “Alegría de Vivir” y “Alitas de Mar” fueron coreadas por un público que no dejó de crecer durante toda la actuación. La conexión fue inmediata y convirtió el concierto en una auténtica celebración colectiva.
Tu Otra Bonita tiene esa capacidad de hacer que sus canciones parezcan pensadas para ser compartidas. Hay algo de celebración, de desahogo y de optimismo en su directo que encaja especialmente bien con el espíritu de Sonorama.
Y esa noche quedó demostrado.
No hizo falta estar en el escenario más grande para protagonizar uno de los conciertos más multitudinarios de la jornada. El público decidió cuál era uno de los escenarios principales.
Y el Indexa, durante ese rato, lo fue.

Iván Ferreiro: cuando 40.000 personas cantan una misma canción
Si hubo un momento especialmente emocionante en la primera noche, llegó con Iván Ferreiro.
El gallego saltó al escenario Ribera del Duero a las 23:20 dentro de su gira “Hoy por Ayer”, en una actuación que terminó convirtiéndose en uno de esos momentos que quedan en la memoria del festival.
Cuando comenzaron los primeros acordes de “Turnedo”, Ferreiro apenas tuvo que hacer nada. Micrófono en alto y público cantando.
Después llegó “El equilibrio es imposible” y la escena volvió a repetirse.
Por unos minutos, El Picón dejó de parecer un recinto de festival para convertirse en un enorme auditorio al aire libre. Miles de voces sustituyeron a la banda y demostraron que algunas canciones ya no pertenecen únicamente a quien las escribió.
Pertenecen a quienes las han hecho suyas.
Ferreiro no necesitó grandes discursos. Dejó que hablaran las canciones. Y 40.000 personas se encargaron del resto.

La Pegatina: el festival se convierte en una fiesta
Pasada la medianoche, el escenario Aranda de Duero cambió completamente de registro.
La Pegatina regresaba a Sonorama después de un periodo de descanso y lo hacía con un espectáculo renovado. La banda había anunciado días antes que ese parón, el primero después de más de dos décadas de carrera, les había permitido preparar algo más grande.
Y si algo quedó claro en Aranda es que la energía de La Pegatina sigue intacta.
Desde el comienzo, el concierto se convirtió en una fiesta colectiva. “Mari Carmen”, “Lloverá y Yo Veré” y otros de sus grandes himnos hicieron que el público saltara, bailara, se abrazara y formara corros improvisados.
La banda no entiende el escenario como una separación entre músicos y público. Lo entiende como un lugar donde ambos lados terminan formando parte del mismo espectáculo.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
La nueva puesta en escena, con luces, efectos y visuales sincronizados, acompañó una actuación que convirtió la explanada en una auténtica pista de baile. Después de más de veinte años de carrera, La Pegatina sigue teniendo esa capacidad de hacer que una multitud enorme parezca una pandilla de amigos celebrando una noche de verano.

Un primer día que ya marcaba el camino
Y mientras La Pegatina mantenía la fiesta en el escenario Aranda de Duero, Crystal Fighters se preparaba para poner el broche electrónico a una jornada que ya había pasado por prácticamente todos los estados posibles.
Pero quizá esa sea precisamente la mejor manera de resumir este primer día de Sonorama.
No hubo un único Sonorama. Hubo muchos.
El de las guitarras de Nat Simons. El de la sensibilidad de Mafalda Cardenal. El de las canciones eternas de Bebe. El optimismo de Tu Otra Bonita. El público convertido en coro con Iván Ferreiro. Y la fiesta sin freno de La Pegatina.
Seis propuestas muy diferentes que compartieron una misma noche y que volvieron a demostrar que Sonorama no necesita esperar al viernes o al sábado para enseñar sus cartas.
La XXIX edición había comenzado.
Y lo había hecho a lo grande.
