Sonorama Ribera 2026: La M.O.D.A. llena El Picón y Leiva emociona en un sábado de grandes conciertos
El sábado llegó a Sonorama Ribera 2026 con esa sensación que solo tienen las últimas grandes jornadas de un festival. El cansancio empieza a acumularse, pero nadie quiere que la noche termine. Y el cartel tenía argumentos de sobra para mantener a Aranda despierta.
La cuarta jornada volvió a mezclar generaciones, estilos y formas muy diferentes de entender un concierto. Desde la energía desbordante de Kitai hasta la elegancia de Leiva, pasando por una La M.O.D.A. absolutamente arrolladora, una Belén Aguilera que volvió a demostrar que tiene una voz de otro nivel y una Marlena que convirtió la madrugada en pura energía.
También hubo momentos menos brillantes. Porque un festival no consiste en decir que todo es maravilloso. Hay conciertos que emocionan, otros que sorprenden y otros que sencillamente no funcionan.
Y el sábado tuvo de todo.
Sexy Zebras: del escenario principal a la Plaza del Trigo
La Plaza del Trigo volvió a amanecer con energía.
Después de haber incendiado uno de los escenarios principales durante la jornada anterior, Sexy Zebras regresaron al pequeño escenario de la plaza para demostrar que su conexión con el público no depende del tamaño del escenario.
El Trigo se convirtió de nuevo en un espacio de saltos, empujones y gente dejándose llevar al ritmo de una banda que ha convertido la intensidad de sus directos en una de sus principales señas de identidad.
Hay algo especialmente simbólico en ver a Sexy Zebras regresar al Trigo después de haber conquistado escenarios mayores. El escenario puede cambiar. La actitud, no.

Pol 3.14: canciones que siguen encontrando público
Pol 3.14 puso la parte más emocional de la jornada con un repertorio construido alrededor de canciones que ya forman parte de la memoria de una generación.
Su propuesta funciona desde la cercanía. No necesita grandes artificios para conectar con un público que reconoce las canciones desde los primeros acordes y que encuentra en ellas una especie de viaje de vuelta a otra época.
En un festival tan preocupado por descubrir lo que viene, también hay espacio para recordar lo que ya forma parte de nuestra banda sonora.

Belén Aguilera: una voz solo apta para dioses
Hay artistas que llegan a un festival para presentar canciones.
Y después está Belén Aguilera.
Su voz fue uno de los grandes argumentos de su actuación. Potente, delicada cuando tiene que serlo y capaz de alcanzar registros que parecen estar por encima de lo razonable.
Una voz solo apta para dioses.
Pero no fue únicamente una cuestión vocal. Aguilera consiguió construir un concierto con personalidad, emoción y una presencia escénica que demuestra por qué se ha convertido en uno de los nombres más interesantes del pop nacional.
Una de esas actuaciones que recuerdan que, detrás de las grandes producciones, una buena voz sigue siendo capaz de sostener un escenario entero.
Kitai: energía, garra, decisión y fuerza
Si alguien necesitaba recordar que el rock sigue teniendo capacidad para arrasar en un festival, ahí estaba Kitai.
Energía. Garra. Decisión. Fuerza.
Cuatro palabras que resumen perfectamente un directo que no deja demasiado espacio para el descanso.
La banda salió a por todas desde el primer minuto y convirtió el escenario en una descarga constante. Guitarras, batería y una actitud que demuestra que todavía hay grupos dispuestos a sudar cada concierto.
Kitai no necesita demasiadas explicaciones.
Hay que verlos.

La M.O.D.A.: un llenazo total
Y entonces llegó uno de los grandes momentos de la jornada.
La M.O.D.A. volvió a demostrar por qué juega en otra liga cuando se trata de conectar con el público de su tierra.
El recinto estaba completamente lleno.
Pero el dato de asistencia se queda corto para explicar lo que ocurrió allí. Desde las primeras canciones hasta el final, el público respondió como si llevara meses esperando aquel concierto.
La banda burgalesa ofreció un directo increíble, de esos en los que la distancia entre escenario y público desaparece por completo.
Sus canciones se convirtieron en himnos colectivos y El Picón respondió con miles de voces.
La M.O.D.A. no necesitó convencer a nadie.

Jugaba en casa y volvió a demostrar por qué es una de las bandas más importantes que ha dado Castilla y León en los últimos años.
Leiva: brillante, como siempre
Y si hubo otro nombre que estuvo a la altura de las expectativas, ese fue Leiva.
Su directo volvió a ser impecable. Elegante, sólido y cuidado hasta el último detalle.
Pero esta vez había algo más.
La muerte de Robe Iniesta había dejado una herida reciente en la música española y Leiva quiso rendir homenaje al músico extremeño durante su actuación.
El momento adquirió una dimensión especial dentro de un concierto que ya estaba cargado de emoción.
Leiva volvió a demostrar que sabe manejar los grandes escenarios sin perder esa sensación de cercanía que ha acompañado buena parte de su carrera.
Brillante como siempre.
Y, esta vez, también especialmente emotivo.

Nögen: bajando las revoluciones sin perder el pulso
Con el festival entrando ya en su tramo más avanzado, Nögen aportó otra perspectiva a la noche.
Su propuesta permitió cambiar de ritmo después de una sucesión de conciertos especialmente intensos y mantener vivo el ambiente cuando el cansancio ya empezaba a notarse entre el público.
En un cartel tan amplio, también son necesarios esos momentos en los que el festival respira.

Ojete Calor: cuando el humor no termina de funcionar
No todos los conciertos pueden funcionar igual.
Y Ojete Calor fue, para nosotros, uno de los puntos más flojos de la jornada.
Su espectáculo buscó apoyarse constantemente en el humor y en la interacción con el público, pero los chistes resultaron en demasiadas ocasiones carentes de gracia y el humor terminó pareciendo pobre y excesivamente forzado.
El problema no estaba en la intención de hacer algo diferente. El problema estaba en que el diálogo con el público no terminaba de fluir y muchas de las intervenciones parecían preparadas para provocar una reacción que no siempre llegaba.
En un espectáculo basado en buena parte en el humor, cuando el chiste no funciona, queda demasiado expuesto el artificio.
«Musicalmente» pudieron sostener el concierto, pero la parte teatral y humorística nos dejó bastante menos de lo esperado.
Marlena: energía pura sobre el escenario
Y para cerrar la noche, Marlena puso toda la carne en el asador.
Energía pura sobre el escenario.
El dúo demostró una vez más que su directo está construido para mantener al público conectado hasta el último minuto. Movimiento constante, actitud y canciones pensadas para ser cantadas y bailadas.
A esas alturas de la noche, cuando el cansancio ya pesa y muchos asistentes empiezan a pensar en la retirada, Marlena consiguió justamente lo contrario.
Volver a poner a todo el mundo en pie.

Un sábado de grandes contrastes
El cuarto día de Sonorama dejó claro que un festival no se mide únicamente por sus grandes nombres.
Se mide por la capacidad de generar momentos.
La voz de Belén Aguilera.
La fuerza de Kitai.
El llenazo total de La M.O.D.A.
La elegancia y emoción de Leiva.
El regreso de Sexy Zebras al Trigo.
La energía de Marlena.
Y también esos conciertos que no terminan de funcionar y que forman parte, igualmente, de la experiencia de cualquier festival.
Porque contar Sonorama también significa contar lo que nos emocionó, lo que nos sorprendió y lo que no terminó de convencernos.
Y el sábado tuvo absolutamente de todo.
