Saltar al contenido
La Chica de Ayer Magazine

Arde Bogotá | «Manufacturas del Club de la Gente Sola» | MCGS

El tercer largo de los cartageneros, grabado en Los Ángeles con Joe Chiccarelli, es un disco conceptual sobre la soledad hiperconectada y su sonido más rocoso hasta la fecha

· 3 min de lectura

WhatsApp X Facebook Telegram
Arde Bogotá - mcgs
nuevo disco Arde Bogotá - MCGS
En este artículo
  1. Una distopía sobre la gente sola
  2. Cómo suena Arde Bogotá en MCGS
  3. Canción a canción
  4. De la armadura al desamor
  5. Stoner, funk y un tambor de procesión para cerrar

Arde Bogotá saca su tercer disco y va de la soledad en los tiempos de las pantallas. Se llama «Manufacturas del Club de la Gente Sola», o MCGS para abreviar, y son once canciones que los de Cartagena grabaron en los EastWest Studios de Los Ángeles con Joe Chiccarelli como productor. Con MCGS, Arde Bogotá se sale de lo que ya les conocíamos: es un disco conceptual, más duro, que cuenta una historia de la primera canción a la última.

Chiccarelli ha trabajado con The White Stripes, The Strokes, Beck o The Killers, y algo de esa crudeza se nota en cómo suena el disco.

Una distopía sobre la gente sola

La idea del disco es casi de ciencia ficción. Alguien que vive pegado a las redes y a las pantallas a todas horas, pero que ya no sabe mirar a otra persona a la cara. Para aguantar eso, el disco se inventa la fabricación de un corazón nuevo que sustituya al que se rompió.

Ese corazón artificial tiene dos fases. Primero es de metal, hecho precisamente para no sentir nada. Al final vuelve a ser de carne. Las canciones van siguiendo ese camino y se enlazan unas con otras como capítulos de una misma novela.

Cómo suena Arde Bogotá en MCGS

Si los has visto en directo, aquí los vas a reconocer. Suenan más rockeros, más oscuros y más directos que en los discos anteriores. Tiene que ver con cómo lo grabaron: tocando todos juntos en la misma sala, colocados en círculo y mirándose unos a otros.

Y se nota. El disco va todo a una, no hay canciones de relleno y la música y las letras cuentan lo mismo.

Canción a canción

De la armadura al desamor

Abre «Instrucciones», con mucho nervio, en la que Antonio García canta a una coraza artificial «para vivir a salvo cuando nos quieren mal». Entre guitarras a tope, el «Señor Herrero» fabrica un corazón de «hierro que no sufra de orgullo ni de amor».

La segunda canción pilla a contrapié con unas palmas entre el flamenco y el góspel, y habla de lo que se pierde cuando uno se encierra en sí mismo. Después llega «Judas», pop-rock con cambios de ritmo y unos vientos que suenan a pasodoble.

A mitad de disco está «Antifiesta». Empieza con bases electrónicas y termina como un himno de desamor que celebra, con bastante ironía, la pena que viene después de una ruptura. Esta la vamos a cantar en los conciertos, seguro. «Olivos» baja el ritmo con un medio tiempo de atardecer, que suena parecido a «Bigger Splash», el adelanto que estrenaron en los festivales de este verano.

Stoner, funk y un tambor de procesión para cerrar

La última parte arranca con stoner del bueno: riffs a fuego, coros que recuerdan a los Rolling Stones y unos falsetes con algo de diabólico. Luego se calma con el pop-funk lento de «Club de la gente sola», la canción que da nombre al disco y la que más va al grano con el tema. «Asidero», acústica y casi desnuda, es la penúltima.

Cierra «Sacude», para mí lo más ambicioso del disco. Las guitarras van creciendo hasta reventar, de fondo suena un tambor de Semana Santa y los coros mezclan góspel y flamenco. Aquí el corazón de metal deja paso al de verdad, y el estribillo lo dice claro: «Eso que te molesta ahí dentro / es simplemente un corazón. / Que no duele, no duele, sacude, / es simplemente un corazón».

En su tercer disco Arde Bogotá no ha ido a lo fácil. Suena más duro que nunca y cuenta una historia de principio a fin, cosa que no habían hecho hasta ahora.

¿Te ha gustado? Compártelo

WhatsApp X Facebook Telegram