Sonorama Ribera 2026: una segunda jornada entre clásicos, nuevas generaciones y una noche de contrastes
El jueves 6 de agosto, Sonorama Ribera volvió a demostrar que su mayor virtud está precisamente en no entender de etiquetas. Cerca de 40.000 personas regresaron a El Picón para una segunda jornada en la que convivieron varias generaciones y formas muy diferentes de entender la música.
Desde el rock de vieja escuela hasta las nuevas corrientes urbanas, pasando por el pop electrónico, el indie y las propuestas más personales de algunos de los artistas con mayor proyección de nuestro país, el segundo día volvió a convertir Aranda de Duero en un enorme punto de encuentro musical.
Una jornada de contrastes. Y también de relevos.
Y la Plaza del Trigo volvió a hacer de las suyas
Pero si hay un lugar capaz de demostrar que Sonorama no termina cuando se apagan los grandes escenarios, ese es la Plaza del Trigo.
La segunda jornada volvió a dejar una de esas sorpresas que ya forman parte de la identidad del festival: Barry B se convirtió en el protagonista inesperado de la Plaza del Trigo, uno de los rincones más emblemáticos de Sonorama.
Sin necesidad de grandes artificios ni de formar parte de los grandes nombres de la programación, su aparición volvió a convertir la plaza en ese espacio imprevisible donde cualquier cosa puede suceder. El público respondió y Barry B se sumó así a esa larga lista de artistas que han encontrado en este pequeño escenario uno de los momentos más especiales de su paso por Aranda.
Porque si algo tiene Sonorama es que, entre los grandes escenarios, las grandes producciones y los nombres consagrados, todavía guarda espacio para la sorpresa.

Ramoncín: el peso de la historia no siempre es suficiente
Ramoncín llegaba a Sonorama como uno de esos nombres que forman parte de la historia del rock español. Su presencia sobre un escenario de estas dimensiones tiene, indudablemente, un componente de reivindicación y memoria.
Pero una cosa es la importancia histórica y otra muy distinta la capacidad de seguir sorprendiendo.
El concierto dejó la sensación de un artista demasiado aferrado a una fórmula que conoce bien, pero que lleva demasiado tiempo sin evolucionar. Los años han convertido algunas de sus canciones en clásicos, pero también han evidenciado una propuesta que parece vivir más de lo que fue que de lo que todavía puede ser.
Ramoncín sigue representando al rock de una generación que abrió caminos cuando hacerlo tenía un significado diferente. El problema es que, en 2026, la actitud de aquel rockero de la vieja escuela empieza a sonar más a recuerdo que a presente.
No se trata de negar su trayectoria ni su importancia. Se trata de reconocer que el público de hoy espera algo más que una repetición de una fórmula que funcionó hace décadas.
Sonorama, precisamente por su capacidad para mezclar generaciones, puso ese contraste delante de nosotros.
Veintiuno: crecer sin perder la identidad
En el otro extremo generacional encontramos a Veintiuno, una banda que continúa demostrando que el crecimiento de un proyecto no tiene por qué implicar perder aquello que lo hizo reconocible.
Su paso por Sonorama volvió a poner sobre la mesa una de sus grandes virtudes: un directo construido desde las canciones y desde una conexión cada vez mayor con el público.
Hay bandas que necesitan un gran escenario para parecer grandes. Veintiuno está consiguiendo exactamente lo contrario: hacer que el escenario parezca más grande a medida que crece su público.
Su actuación volvió a confirmar que están en uno de esos momentos de carrera en los que cada festival sirve para dar un paso más.

Rigoberta Bandini: una propuesta diferente
Rigoberta Bandini aportó uno de los momentos más particulares de la jornada. Su propuesta, difícil de encasillar dentro de los formatos más convencionales del festival, volvió a demostrar que en Sonorama hay espacio para artistas capaces de plantear un directo diferente.
Sin necesidad de competir en intensidad con otros conciertos de la noche, Rigoberta construyó una actuación con personalidad y ese punto de irreverencia que ha convertido su propuesta en una de las más reconocibles del pop español actual.
Fue, sencillamente, un buen concierto y diferente, de esos que aportan variedad a una jornada en la que precisamente el contraste entre estilos y generaciones fue una de sus grandes virtudes.
Guitarricadelafuente: personalidad por encima de etiquetas
Guitarricadelafuente protagonizó otro de los grandes momentos de la jornada.
Su propuesta resulta difícil de encajar en una sola etiqueta. Hay tradición, experimentación, raíces y una voluntad evidente de llevar todo ello hacia un territorio propio.
En un festival acostumbrado a saltar de un género a otro constantemente, su música encontró un espacio perfecto.
Su directo no necesita artificios excesivos para funcionar. La personalidad está en las canciones, en la voz y en una forma muy particular de interpretar que le ha permitido construir una identidad reconocible dentro de una escena en la que cada vez resulta más difícil sonar diferente.

RVFV: el Sonorama que también habla en urbano
La presencia de RVFV volvió a poner de manifiesto algo que Sonorama lleva años haciendo cada vez mejor: abrir sus puertas a públicos y géneros que tradicionalmente parecían alejados de su ADN.
El urbano también forma parte del presente musical y el festival lo sabe.
RVFV llevó hasta Aranda una propuesta mucho más vinculada a las nuevas generaciones, con un público que respondió desde el primer minuto y que encontró en el recinto un espacio para disfrutar de un artista que representa otra manera de entender la música popular.
El contraste con Ramoncín no podía ser mayor.
Y precisamente por eso tenía sentido que ambos compartieran cartel.
Dos generaciones. Dos lenguajes. Dos formas de entender el escenario.

Rusowsky: la noche mira hacia otro lado
Cuando la jornada ya avanzaba hacia la madrugada, Rusowsky puso sobre la mesa una de las propuestas más singulares del cartel.
Su universo musical se mueve entre la electrónica, el pop y la experimentación, creando un espacio difícil de clasificar pero muy fácil de reconocer.
En un festival donde conviven guitarras, grandes himnos y canciones destinadas a ser coreadas por miles de personas, Rusowsky propone algo diferente: dejarse llevar por el sonido y por una atmósfera propia.
Y funcionó.
Una jornada marcada por el relevo
El segundo día de Sonorama Ribera 2026 dejó una imagen especialmente interesante.
Por un lado, artistas que representan una parte fundamental de la historia de la música española. Por otro, una generación que está construyendo ahora mismo los sonidos que definirán los próximos años.
Ramoncín frente a RVFV.
Las canciones de ayer frente a los sonidos de hoy.
La tradición frente a la renovación.
Y en medio de todo ello, artistas como Rigoberta Bandini, Veintiuno, Guitarricadelafuente o Rusowsky demostrando que entre ambos mundos existe un enorme territorio musical por explorar.
Y mientras tanto, en la Plaza del Trigo, Barry B recordaba que en Sonorama nunca hay que dar nada por sentado.
Porque quizá esa sea una de las grandes virtudes del festival: no pretende que todas las generaciones escuchen lo mismo.
Pretende que todas tengan un lugar.
Y después de dos jornadas, Aranda ya había dejado claro que esta XXIX edición tenía todavía mucho que contar.
